lunes, 5 de diciembre de 2016

Poesía incompleta III


Desde la cúspide renegrida en la que habito ahora
traiciono los silencios de las tinieblas
y me acuso cuando, inútilmente,
me empeño en visitar tu tristeza.

¡Qué insensato es escudriñar en lo olvidado!
¡Qué absurdo declarar lo impronunciable!
¡Qué inútil serie de inquietudes
y qué lento abandono de uno mismo!

¡Qué amarga esta tristeza de martes,
y este deleitoso sabor de desastre,
y esta agotada voz con la que te nombro,
y el extenuado avance de las horas,
y los árboles desnudos en la calle
reconociendo apáticos su sentencia!

Ya nada merece la pena,
a excepción de lo considerable...
Y me dejo arrastrar
hacia lo inaguantable
soportando esa armonía
que me acerca a ti. 

Canet

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