lunes, 5 de diciembre de 2016

Poesía incompleta II

Hay veces que sueño con una tempestad,
una ventisca gélida, una puñalada,
y comprendo lo que padecen aquellos Nadies
que empiezan el día en la incertidumbre
sin un sitio donde caerse muertos.
Y me da por culpar al mercado,
al comerciante,
a los mandatarios,
a los financieros y banqueros,
y a aquellos que se opusieron a dar,
-siempre desalmados-
el pan y el agua,
solo por el bienestar de occidente,
por la comodidad del euro,
por la felicidad del dólar,
por el placer del consumismo,
por la dicha de la bolsa,
por el Iva y sus hermanos Ibex y Pib
bueno, ya sabéis de que hablo,
de nuestra jodida y potente economía.
Hay veces que sueño,
puestos a soñar una quimera,
que comenzamos a valorar
las cosas significativas:
la decencia humana, el bien generalizado,
el aire que nos recubre,
los ríos en su inmensidad,
los bosques, por siempre benefactores,
las risas auténticas de los niños,
el amor, la felicidad, los amaneceres,
las sonrisas ajenas,
el cigarro a medias,
la palabra requerida,
la igualdad, el protección,
la profunda certeza profunda, las ilusiones.
Aquellos diminutos detalles
acaso inapreciables,
tan mayúsculos, imprescindibles
tan propios, tan de aquellos, tan de todo el mundo...
tan brutalmente humanos.

Canet

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